Rayaduras

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El género de la fotografía arquitectónica se ha ido depurando cada vez más a lo largo de los años, la cual presenta un aspecto netamente minimalista con toda una serie de líneas, cubos y círculos, y con la ausencia marcada de la presencia humana, rayando la abstracción. Estas series se despojan de todos los cánones para crear nuevas arquitecturas, incorporando nuevas dosis de ambigüedad, mediante unas líneas limpias a modo de alambres o líneas sutiles que forman la realidad de estos cuerpos inertes y que nos hablan de lo aéreo, lo estable y lo físico. Son abstracciones perfectamente organizadas donde una ley lo organiza todo. Es como un laberinto por donde discurre un intrincado mundo de líneas, cubos y círculos no figurativos que conforman espacios enigmáticos donde no se sabe bien dónde está el principio y el fin.

La serie de las líneas, los espacios formados por cuadraturas, la lineatura abigarrada de una estética no figurativa en la cual no aparecen elementos ajenos ni naturales, y que con todo ello se afana en buscar misterios insondables en una arquitectura espacial y sobre todo sensorial. Formas arquitectónicas firmes en el espacio, donde el tiempo se detiene para mostrarnos unas estructuras atemporales pero llenas de una vida actual y en muchos casos de movimiento. Porque la fotografía es eso, la captación del tiempo en movimiento y su detención en un momento determinado para su eternidad. Un juego con el espacio y la arquitectura hasta conseguir estructuras silenciosas, intemporales, reducidas a su estructura más básica y elemental, susceptibles de crear nuevos significados metafóricos y artísticos. De crear nuevos espacios a través de la mirada donde es imposible distinguir si se crean o se destruyen, pero que logran transmitir una cualidad de eternidad inherente a la estructura arquitectónica. Todo ello es el resultado de una visión muy particular con el que se ha buscado sugerir, sobre todo, unas sensaciones muy especiales.

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